Me consterna la noticia de la muerte de Mario Benedetti, recibida en medio de la natural desfachatez de los noticieros actuales, entre ataques contra Fidel Castro y comerciales de condones M. "El poeta uruguayo Mario Benedetti murió hoy en Montevideo tras una larga enfermedad", fue más o menos lo que dijo la periodista en medio de diapositivas del dulce rostro de Mario, seguro sin tener puta idea de quién era él, quién acababa de dejarnos.
Nos ha dejado el poeta de la adolescencia, del amor joven, ése que nos enseñó a querer, a entender que en pareja se es mucho más que dos. Nos ha dejado el poeta revolucionario, contestatario, que no cesó jamás de recordarnos que el Sur también existe, que nosotros también existimos. Nos ha dejado el autor de Pedro y el Capitán, ese drama de denuncia, de dignidad, en la cual el verdugo se quiebra ante la altura moral de su víctima y termina suplicando la delación para así acallar un poco su conciencia.
Leí a Benedetti en la preparatoria, cuando aún podía creer en ideales como el amor, la revolución y la justicia social. La "madurez" y el desencanto me alejaron mucho de él, tornándomelo extraño, ajeno, como un juguete de la infancia que se mira con ternura pero con el cual ya no puede hacerse nada. No obstante, el afecto siempre estuvo allí, como en todas las cosas que en su momento fueron significantes. Ahora que ha muerto, no queda sino agradecer por esas palabras suyas, que iluminaron irrepetibles momentos de esperanza.
Gracias poeta, amigo, hermano.
Nos ha dejado el poeta de la adolescencia, del amor joven, ése que nos enseñó a querer, a entender que en pareja se es mucho más que dos. Nos ha dejado el poeta revolucionario, contestatario, que no cesó jamás de recordarnos que el Sur también existe, que nosotros también existimos. Nos ha dejado el autor de Pedro y el Capitán, ese drama de denuncia, de dignidad, en la cual el verdugo se quiebra ante la altura moral de su víctima y termina suplicando la delación para así acallar un poco su conciencia.
Leí a Benedetti en la preparatoria, cuando aún podía creer en ideales como el amor, la revolución y la justicia social. La "madurez" y el desencanto me alejaron mucho de él, tornándomelo extraño, ajeno, como un juguete de la infancia que se mira con ternura pero con el cual ya no puede hacerse nada. No obstante, el afecto siempre estuvo allí, como en todas las cosas que en su momento fueron significantes. Ahora que ha muerto, no queda sino agradecer por esas palabras suyas, que iluminaron irrepetibles momentos de esperanza.
Gracias poeta, amigo, hermano.
Viceversa
Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.
Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.
Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte.
o sea,
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.
Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.
Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.
Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte.
o sea,
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.
Qué lástima, la verdad... qué lástima
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